Las cosas que no cambiaron y no lo harán solo pueden hacerme más fuerte. Solo pueden crearme una guía para mantenerme y mirar hacia el presente como lo que es: el segundo, el minuto que en otros minutos y segundos será historia.
Y sigo la línea hecha con migas de pan que muestra como la bifurcación se hace clara. No quiero demostrar nada, no quiero probar teorías ni tampoco iniciar un debate dentro de mí.
Encuentro en mi espacio interior los sí a los no y la razón de porqué la naturaleza nunca engaña. Se puede perder un tren con destino incierto… pero a pie uno siempre llega al destino final.
Hay cosas que se rompen, cosas que se arreglan. Solo las que pueden arreglarse son las que perduran en el tiempo con cierta alegría aunque siempre falte un pedazo de ellas. Al menos en mi mundo… y mi mundo es, por cierto, humanamente complejo.
Una gota en medio de un océano de canciones escritas sobre lo mismo, una palabra entre millones que describen lo indescriptible que todos conocen. La vida dentro de mí me sacude y me obliga a sacudirme la escarcha de la memoria del alma. Quiero ver donde están todas mis piezas, todos mis interrogantes, todas mis pieles desechadas por la temporada o por simple dolor.
A veces, se siente bien aquello que hace mal. Uno no suele notarlo al principio pero va derrumbando de a poco los cimientos que antes eran firmes, va derrumbando la confianza en que esa elección es la correcta. No caigo en cosas puntuales porque todas las “puntualidades” son en el fondo iguales a las de miles…y luego, de millones más.
A veces, es demasiado tarde para volver a empezar, para reabrir las valijas e instalarse. A veces, uno juega al olvido y sigue la partida, el amor es demasiado grande… y la comodidad también.
Un día me preguntaron si no tenía cansados los hombros. Prontamente pregunté a que se refería y la respuesta fue sencilla : “debe ser agotador llevar tantas banderas y tan en alto”. Y allí, en ese exacto lugar entendí que era humana y que el sentido del honor, no siempre es correspondido en la misma medida así como el respeto y el amor desinteresado.
No siempre es justo.Sería esperar demasiado. Eso es parte de este juego… nadie es igual a la persona que tiene al lado por mas que así lo crea.
No todos decimos al resto del planeta quien somos en realidad, que pensamos. Siempre hay algo en nuestra mente que se esconde maravillosamente del resto del planeta. Es como una conversación interior que solo lo tiene a uno de espectador y colaborador. Esa es la esencia, eso es uno en realidad… aquello que uno esconde por miedo a ser herido.
No decimos que tenemos miedo a que nos dejen, nos maltraten, nos rompan el corazón, nos avergüenzen , no decimos que podríamos haber hecho mejores cosas, haber llegado mas alto, que demasiadas cosas nos frustran, que desearíamos que la vida fuese tan fácil como un cuento de hadas, que todavía y no tan en el fondo somos niños que tememos la soledad y la evadimos de la mejor forma que podemos encontrar. Siempre estamos hambrientos de amor y aprobación, de compasión y compañía, de ser reconocidos y valorados.
Somos demasiado reales como para decir aquello que realmente nos duele y por ello peleamos demasiado. Porque nos hieren en aquellos lugares que no podemos dejar que descubran, sino, descubrirían que aún somos niños… niños que ya no están jugando con los playmobil sino a vivir una vida de verdad…