Archivo de Febrero 2008

Había una vez

Febrero 27, 2008

Ella se sienta cerca de la puerta de su casa, piensa si esta vez podrá ver pasar al heladero, hace demasiado calor y el sol quema hasta las ideas más inteligentes.

Frota un zapato contra otro demostrando la ansiedad que aparece en la superficie con toda claridad. Si da la vuelta, en  la otra esquina se puede ver como el cielo es comido por todas las antenas de televisión . Se ven enredadas como serpientes buscando aterrizar.

Si tuviese reloj puesto, seguramente le daría un breve vistazo. Algunas chicas pasan por donde ella está y le dicen de jugar. No se mezcla con la manada. Freud está sobre su falda y siempre, la compañía de una celebridad, es mucho mejor. Corre su flequillo y mira de costado la supuesta diversión. Apostaría su vida a que es más entretenido pelar una manzana, escalar la mente de Kierkegaard, colgarse de la barba de algún historiador o meterse dentro de las botas de algún aventurero que tiene sexo con cualquiera en plena visita nocturna a Grecia…

Pasa el muchacho que trae mercadería para la verdulería. Pasan demasiadas cosas.

No hay helados por hoy. Solo una gran manzana verde. Se pone más cómoda y saca el cuchillo. La pela cuidadosamente, la gran bandera que cubría a esa magnífica fruta se ha partido en dos… Sigue pelando. Se deleita con el primer pedazo, mira a la gente que pasea mientras come el siguiente.

Cierra los ojos y la brisa peina su cabello. Un pedazo de manzana a caído sobre su libro… limpia las letras doradas de la tapa cuidadosamente.

El mejor momento del día todavía no ha venido. Está por llegar.  Está más lejos que el control remoto del sillón, pero más cerca que la esquina…

Intencional

Febrero 23, 2008

En medio de este microcosmos se extiende una cortina que corta el silencio. Hay preguntas que flotan y puedo llegar a tocarlas… cada letra sigue un camino y cada palabra carece de sentido si faltan las vocales. En medio del espacio que es pequeño, floto  entre los objetos que me rodean, un par de cartucheras importadas de Corea, un marcador indeleble negro y otro dorado.

Se rompe el huevo que por dentro traía un dragón azul. Se desliza suavemente y una vez que se hizo mi mejor amigo, una vez que entendemos nuestra naturaleza… partimos para no volvernos a encontrar.

Todo flota entre tanta inmensidad.

Hacemos apuestas sobre cuanto sobreviviré sin hablar. Me impulsa la energía que trae tu desconsuelo y mi sonrisa de mona lisa sigue existiendo. Desentierro del jardín mi lunchbox de metal y encuentro fotos y cartas,  alguien suspira y su nombre me persigue en este laberinto que está en mi mente. Frank Black quedó a años luz y Scully ya no es tan misteriosa ni cercana. Hay secretos que permanecen ocultos demasiado tiempo junto a algunos nombres que llevo atados en mi tobillo, que sin ser tatuajes están grabados.

No sé porqué. Ni donde. Ni cuando.

Te di un beso a cambio de un trofeo y un secreto a voces. Me escapé y te escapaste. Demasiadas similitudes no entran en una misma caja cuadrada. Sonreímos y decimos que no ha pasado nada. Hay gente que se patea bajo la mesa y saben que nosotros no sabemos. Ellos levantan viento. Ellos escuchan a las hojas lejanas que susurran.

Quise robarte un poco de tu brillo y vos quisiste una parte de mi inteligencia a cambio, un poco de claridad entre tanta ceguera temporal. No había luz, pero te vi reír, no pudimos llorar.

Demasiadas cosas en común. Competimos hasta agotarnos y el cielo ya no era tan perfecto. Ya no era tan secreto.

Sigo flotando entre una lluvia de luces y estrellas del tamaño de un grano de arena. Mi teléfono rojo no está tan lejos. Hace juego con el color de mis labios. Nunca supe porqué me gustaba tanto. Siempre enganchaba mal y daba ocupado. Excepto con algunos números que eran, más que números,  un imperfecto milagro…

Freno el tiempo con mi mano derecha y con la izquierda escondo mi celular que hago trabajar de reloj despertador. Entre tantas infracciones necesito un preceptor que me haga una nota en el cuaderno y me haga mirarlo con ansiedad desde un rincón.

Tengo puesto el jumper azul y mientras me paro en una esquina del salón, hago girar al mundo que sostengo con la punta de un dedo. Desde mi boca, gotas de helado de vainilla chorrean manchando mi corbata bordó y tapando el escudo de mi colegio que se ve cegado ante la aparente creación de tanta carne santa… El preceptor no sabe lo que sucede en los baños ni de las apuestas que hacen la chicas como yo, en el corredor.

Desajusto mi corbata y a la salida del colegio, apoyo mi espalda contra la pared de ladrillos desgastados, enciendo un cigarrillo y se escuchan risas y susurros no tan sagrados a medida que pasan otras compañeras.

Apago el cigarrillo. Agarro mis cosas y veo  al preceptor que sale del colegio. Miro hacia atrás solo una vez y le regalo una sonrisa. El aún no sabe que en alguien como yo, el castigo por desear algo demasiado no sirve para nada.

Sexo, amor y manzanas

Febrero 19, 2008

Contra la pared se sienten las grietas que dejaron los años de balbuceos e incoherencias, tiempos en que se saboreaba la inocencia de a trozos crudos con la más nutritiva ensalada.

¿Donde se han ido todos?

Me vendan los ojos y hay que adivinar que es lo que hay enfrente de uno. Si es una flor se levanta un dedo, si es una mujer se levantan dos, si es un hombre se levantan tres, si llegase a ser un anciano se levantarán cuatro y cinco… solo se necesitan cinco para reconocer el pasado con todo su esplendor. Cinco dedos para tapar los ojos que se despojan de las vendas y ven caer rosas, cada una de diferente color.

Si te ruego que no me guíes hacia el pasado ¿Lo harías?

Pasan unas niñas ofreciendo manzanas y elijo aquella que menos sabor tenía. La ausencia de sabor la hace especial. Dios en su sabiduría también creó manzanas podridas. Alguien tironea de mi manga y solo siento el viento mezclado con tierra sobre mi cara. El presente se avecina y suenan las campanas. Alguien se casa sin quererlo. Alguien pelea en la esquina y pronuncia el nombre de la desgracia. Nadie se avergüenza… solo miran hacia otro lado. Una familia reunida está a punto de comer y pide al Señor que no conocen que bendiga su comida.

Horas más tarde, se incendia la casa donde dormían.

Mi ropa queda manchada con las cenizas. Estando lejos de las miradas, rescato un viejo diario, seguramente de la muchacha.

Leo con culpa pero sin pestañear aquello que está manchado por agua y sangre: ” no olvido aquello que nunca se dijo, no puedo recordar si me he confesado el domingo…Pienso que mi vejez es prematura y la realidad está perdida entre el pasado y el presente. No siento otra cosa que no sea lo liviano que se siente mi cuerpo cuando me ausento del mismo. Seguramente correré el destino de una rosa. Vagamente puedo recordar aquello que me han dicho sobre estos temas

Aprieto contra mi pecho los papeles que quedan y los tiro al río que corre agitado. Ella no se ha ido, se ha quedado.

Doy vueltas hasta caer en el piso. Siento una melodía que tararean cerca de mi ventana. Duermo en calma. He mirado para otro lado.

La mañana se levanta y suenan las campanas. Me enredé sin permiso en tu cuerpo mientras dormías. He lamido tus heridas y perdonado mis idas y venidas. Dejé mis uñas marcadas en tu cuerpo y solo te quejaste una vez porque el resto no te dejé hacerlo al regalarte una sonrisa. Juego desnuda a las escondidas por la casa…

Te consumiste y saciaste el deseo y ahora me decís que queres el amor. Te doy otra sonrisa y me visto para asistir al llamado de las campanas.

Oh, Padre! Hay tantas cosas que no voy a confesarle hoy…

…eran veinte y nueve…

Febrero 18, 2008

Tejo y destejo mientras las flores se abren dando prueba una vez más del gran favor que hace el sol al salir por el mismo escenario todos los días. Grito en silencio. Se escapan algunos puntos de la bufanda que jamás terminé y aún hoy sigue siendo negra con un borde gris.

Cada vez que miro hacia el horizonte recuerdo la cantidad de aves que escaparon de estos campos. Seguramente las haya dejado escapar para demostrar mi capacidad de iniciativa. Hay demasiada riqueza enterrada en mi interior. Demasiados enigmas.

En mi frente no hay marcas que den prueba del dolor o malos tratos y eso también duele. Mi cabello se tornó plateado cuando era demasiado joven como para ahora recordarlo con exactitud. ¿Podré alguna vez recordar su verdadero color? Estoy segura que todo empezó con un mechón blanco cerca de mi frente sin arrugas. Y ya sabemos como es la historia… a un cabello sin color, le sigue otro más.

Solía jugar a esconder mis poemas, mis denuncias imaginarias ante un juez cruel y temerario, todopoderoso. Pero fueron desapareciendo esos pedazos de vestido para ahora usar uno más blanco. Con menos adornos, menos poesía, menos apego por las falsas expectativas pero que a cambio de todo eso, tiene colgada la compasión, apreciación por lo que el viento trae a esta puerta que sigue abierta como una gran constelación.

Aún puedo seguir tejiendo.

Son las ocho y no cantan las aves, tampoco se ven caballos salvajes, solo una sombra que pretende ser árbol y sigue siendo un bosquejo con demasiadas ganas y aspiraciones. ¿Será posible que sea mejor caminar que correr?

Veinte cuadernos que llevan historias de vida, nueve lapiceras escondidas bajo la almohada sobra la cual apoyé mi rostro tantas veces. Por momentos, ni siquiera sintió el peso de que yo estaba.

Llueven piedras, llueven pétalos, flores y acusaciones. Hay precipitaciones que duran lo que un suspiro. Beso suavemente y con ternura la bufanda que tejía y deshago  un par de puntadas como si de un sacrilegio se tratara.

No ha pasado tanto tiempo. En mi mundo el tiempo es algo demasiado relativo. Tanto como tus visitas a mis sueños cuando duermo.

Mi León blanco

Febrero 15, 2008

Se escribe en mi pared con cada gota de sudor el pecado con el que nacimos. Estas crecido y me asemejo a Eva en medio de la niebla que  se llena de frustración al no ver un hombre de verdad.

Está en tu sangre y puedo olerlo a millas de distancia… tu apetito sexual fluye como miel chorreando de mi cuerpo y no hay salida. Si seguís buscando, excavando… algo seguro vas a encontrar.

Se escucha el sonido de las gotas que caen de la canilla de la bañera. Tu cuerpo me mueve, no conmueve, solo hace que respire esa parte de mí que puede quererte y herirte. Me acerco desnuda para celebrar el empate. Me acerco para decirte que entraste grande por la puerta y como un niño te deshiciste en mis brazos. ¿Hay otra cosa que se pueda hacer?

Esta bien que algo te pueda lastimar.

Corre por la habitación un oso de peluche con espinas en las manos y sangra algodón de tanta tristeza porque ha  sido desplazado de mi lado. Pobre oso, ya no asusta a nadie ni tranquiliza los sueños nocturnos, ni puede hacerlos tan placenteros como…

Esta vida está por la mitad, falta más camino por recorrer, carecemos de una medida y buscamos aliviar el deseo de placer. Caigo rendida ante el león y dejo que me abra y coma de mi ser. Este cuerpo busca un poseedor… Nada de alianzas vagas que pretenden ser infinitas.

Nada de rubíes ni esmeraldas tatuadas en la frente y con la boca amordazada. Busco en el cielo y en las profundidades, viajo para probar la tan ansiada manzana que no ha sido mordida.

Es el momento decisivo y quiero saber que vas a buscar aún más. No llores que arruina el momento, no te lamentes que hay que dejar todo atrás… Lo que digas, hoy, es lo que se hará.

Quedo dormida a los pies del león que conoce y puede brindarme todos aquellos  placeres que me dominan en secreto…

Gota a gota

Febrero 15, 2008

Gota tras gota se va formando la máquina que inventaste para transformar el tiempo en lluvia de soles. Esperas que la belleza aflore en tus palabras que se enredan como si fuesen las primeras y los colores cambian según las estaciones de tu alma.

Hay un motivo por el que no puedes dejar de tocar el violín que te acompaña, hay una razón que te mantiene alejado de tantas cadenas que se arrastran… Con las cadenas al cuello te sientes amo y creador, la belleza se apaga.

Una paloma come de mi mano y me clava las patas en mi mano. Eres igual de agradecido, me es difícil darte algo por nada.

Hundo mi cabeza en el agua y veo su figura, como un adonis moderno que va a los asados del domingo, aparece ante mí, con su barba llena de historias no tan complejas y miradas regaladas sin dueña.

Respiro bajo el agua toda la claridad que se esconde en el exterior. Recorro con mis dedos ,que ya parecen pasas de uva, los rayos de sol que me encuentran donde sea que yo esté. Germina el presente.

No se puede ver el futuro.

Púrpura

Febrero 14, 2008

Entre las montañas se distinguen siete flores grises y siluetas oscuras que llevan una caja violeta. Llevan palomas en sus hombros y pañuelos negros que ondean con el frío del viento. Frente a mí desaparece el secreto que se esconde detrás de una sonrisa que aún no se ha quebrado ni puede llegar a describirse.

El último de la fila tropieza con un clavo que se ha aferrado a su zapato, sangra y los demás no pueden verlo. Sigue caminando y su  pie va dejando un rastro rojizo imperceptible pero real.

Una niña corre detrás de aquel cuervo que ha decidido devolverle el alma. Sus ojos brillan y sus manos casi pueden alcanzar el sol.

Escribo con una pluma que ha caído del cuervo que goza de absoluta libertad para hacer lo que desee, para dar sueños y quitar destinos. Mis ojos se vuelven celestes de tanta  neblina, celestes como si fuesen un recuerdo infinito del cielo que una vez estuvo conmigo. Hoy quiere estar  conmigo.

El primer hombre de la fila decide que es momento de descansar en medio de la noche que todo lo oculta y todo lo libera. Se debate entre la insignificante multitud si esa orden debe ser acatada. Mil corazones rojos descansan a la sombra de un respiro. ¿Vendrá el resto de la procesión?

El herido avisa que no puede continuar y siete hombres se ofrecen a acompañarlo mientras putea y se desquita , mientras de su boca saltan al abismo insultos hacia el cruel destino que no le permite llegar al lugar que debería.

Mis palabras escritas se hacen profecía y el hombre queda solo durmiendo, soñando un sueño celeste mientras los que quedan caminan y sigilosamente lo abandonan a su tan maltratado destino. Nadie siente lástima, no hay culpa ni culpables sobre esta alfombra roja que marca el norte donde está el punto final del sacrificio. No hay dudas, no hay hastío. Solo deben llegar.

Llegar con la caja violeta, casi púrpura.

Levanto mis cosas y mi vestido negro se vuelve extrañamente pesado y lleno de aves que tiran de cada puntada de mi dobladillo. Sigo la caravana a la que extrañamente guío por esta vía tan poco caminada y llena de polvo.

Corro hacia la luz cristalina que devuelve el color café a mis ojos. Los hombres se arrodillan ante mí y mis palabras ya no sirven de coartada. Miles perecieron . Demasiado largo el recorrido y demasiados peligros. La niña se ha ido.

La caja se abre. Lentamente me arrodillo. Dentro de ella esta el más preciado tesoro, mi secreto mejor guardado.

Salen luces y siluetas. Entre la claridad y la oscuridad me arrodillo ante el contenido de la caja.

No puedo evitar llorar de alegría y no respirar por unos instantes… El contenido va tomando forma, su figura se contornea y me rodea y me abraza… “Muchos murieron antes de que yo llegara” me susurra al oído.

Ellos trajeron encerrada y a salvo, a mi esperanza.

Hostel

Febrero 12, 2008

Al revés de lo que hubiese deseado, primero vi la segunda parte y luego la primera. No creo que sean dos películas geniales pero realmente me gustaron muchísimo.

Creo que disfruté un poco más la segunda… El final me resultó bárbaro. Ya ni sé cuantas veces vi las dos películas.

El desk clerk Milda Havlas está barbaro… Aunque no le daría mi pasaporte ni aunque estuviese ebria ( por las dudas)

Nasdarovia!