Caen pedazos de las viejas cortinas que cubrían estas heladas ventanas, caen suavemente como jugando a pedir permiso.
Simplemente caen como mi piel anterior.
No hay bailes en la lista pero se escuchan pasos y un oboe que de forma sombría marca los latidos de mi cambio de estación. Las cosas siempre cambian, como las notas de un perfume, haciéndose cada vez mejor. Refinándose y preparándose para lo que vendrá.
Cae mi vestido al piso. Me dibujo desnuda, miro el espejo que tengo enfrente y me reconozco demasiado. Dentro de tantos colores oscuros y una media sonrisa. Así he sido siempre yo.
Hojas de cerezo caen rozando mi mano derecha.
Con mi mano izquierda, acaricio una serpiente que me visita de vez en cuando… a veces me muerde con desprecio, otras con amor,pero siempre se curarme de heridas tan humanas y frágiles.Así puedo ser yo.
Soy ciega ante los colores que atrapa en su interior el gris. Prefiero el negro, la ausencia de color, o el blanco para usar todos a la vez.
Mis apetitos varían y me juegan malas pasadas. No suelo esconderme a menos que sea absolutamente necesario… me grabo a fuego en el cuerpo los nombres de aquellos seres que saben ver quien realmente soy.
Me envuelven las cenizas y el resplandor de lo que queda del sol. EL violonchelo me conmueve. Lo sombrío me atrapa casi tanto como un corazón a una persona enamorada.
Me gusta no conocerme de vez en cuando. No quiero evitar ser quien soy.
Claro y oscuro forman una sola fórmula en mi existencia y lo vivo con extraña pasión…
Muchas veces pienso que si hubiese nacido en otra época me hubiese sentido mejor.
Otras pienso que gracias a Dios no fue así.
Y la mayoría del tiempo… nadie sabe en lo absoluto que es lo que estoy pensando.
Se dibuja media sonrisa en mi rostro y con la luz de la luna iluminándome pienso que así es mejor…