Ventana

Y mientras veo como el agua se va tiñendo del color oscuro del té, tomo la taza entre mis manos y miro a través de la ventana.

Todo edificio y persona que veo se transforma a través del lente de mi mirada… Veo con curiosidad y asombro colores que no había visto antes, rostros que se aparecen para luego perderse entre la multitud.
Y camino. Y pienso.
Vuelvo a escuchar esa música que atrapa mis sentidos y me lleva a un lugar no tocado por la memoria.
Veo como mi vida es tan pequeña, como hago a veces cosas para evitar el encuentro con mi persona, con mis emociones encontradas y la incertidumbre ante cosas que no logro comprender…
Tomo un sorbo de té y miro a través de este vidrio que de tan limpio se mancha solo con mi mirada. Siempre se escurren entre los dedos los minutos de alegría. Siempre se escapan aquellas tristezas que solo sirven de lugar de tránsito en la vida.
Y veo los residuos del té que ya no es…
Contemplo desde un punto incierto como alguna gente que quise se ha ido. Parece que fueron solo sombras después de un atardecer.
¿Porqué todos caminan tan rápido? ¿De que huyen si no es de la posibilidad de ver alrededor?
Infinidad de pensamientos flotan en el aire, las personas los han puesto ahí.
Todos somos tan comunes y simples que nos hacemos distantes para evitar que otros lo vean. La emoción, el corazón nos hace simples. Fáciles de vencer, fáciles de odiar, fáciles de querer.
Juntando pieza por pieza lo que queda de nosotros luego de que alguien derriba lo que hemos construido. ¿Es acaso posible volver a construirlo sin hacer algo que sea distinto?
Sin que sobre o falte algo de nuestro ego, de nuestra dignidad. ¿De nosotros mismos?
Perder cosas por el camino y seguir poniendo el corazón y el alma en todo lo que hacemos es el verdadero riesgo. El riesgo casi obligatorio si uno ama.
Ese riesgo quiero correrlo siempre, casi como una llamada del destino.
Siempre…

*re post

Escribe un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.