El charco y el mar

By Afrodille

Te pones las palabras alrededor de tu cuello como si fuesen miles de bufandas, te paras en medio de la calle y gritás al viento todos tus deseos y frustraciones presentes y pasadas. Olés el aroma del pasto recién cortado de la plaza más poblada y exclamás:”victoria!”.

Tu ser me contagia.

Te canto en medio de la calle. Yo rezo mientras vos solo ves las paredes tatuadas de reclamos que sostienen la iglesia, mientras tanto, yo solo veo fe y esperanza.

Me sostengo sonriendo entre este mar de mares, vos te sostenés en la tormenta pero nunca tenes un paraguas a mano. Como hace frío,te doy uno de mis guantes, meto mi otra mano en mi bolsillo y compartimos este silencioso e invernal panorama…

¿Sabías que hoy alguien podó el árbol que solía darme sombra en verano? Cada hoja debe haber rodado acompañada del aire frío y seguramente cayeron todas, una por una, hasta formar un alfombra  en la vereda.Una amarga alegría se presenta.

¿Qué querrá este invierno de mí?

Mis pies se congelan mientras tomo frío sentada en la plaza Las Heras, sentada como si esperara a alguien que tarda en llegar…Sonrío porque no  espero a nadie, solo a mi misma, esa es la realidad.

La gente me mira extrañada mientras muevo mis pies hacia adelante y hacia atrás. Es que me encanta la sensación de no llegar siquiera a rozar la vereda con la suela de mis zapatos. ¿Será raro eso? No lo sé. Por la forma en que me miran, supongo que no debe ser un panorama común. Sentarse a esperar la nada, moviendo los pies sin tocar el suelo y una gran sonrisa en la cara.¿Acaso no se siente en el aire la felicidad? ¿Puede ser que pase tan desapercibida?

Si yo fuese la felicidad, admito que estaría un tanto ofendida. Me sentiría demasiado ignorada y poco querida.

Se puede ver un molinete enfrente, cruzando la calle. Es de todos los colores y anuncia sin timidez alguna que en ese sitio hay una librería. Se mueve con una gracia y una energía que lo inunda todo.

Y por dos minutos pienso en mi tristeza que viaja de polizonte. Se escapan algunas lágrimas.

Poder estar triste es otra fuente de felicidad. Hay demasiada belleza en esta vida tan chiquita que es la mía. Soy tan chiquita en este mundo que a veces me siento más grande que mi corazón…y eso es demasiado.

Mi mundo se expande y se contrae continuamente, creyendo en los mundos paralelos… que me llevan hacia donde tengo que ir para avanzar en la lección del día.

Con una mano leo una revista de moda y con la otra un libro de física cuántica para principiantes. Siempre hay un comienzo, nadie nace sabiendo pero llega el momento en que miro el cielo y sé que nunca voy a poder descubrir todo, saberlo todo. Eso también me hace feliz. Saber todo sería perder la magia, la ilusión y yo no quiero perder todo eso.

No todos me conocen, es cierto.

No siempre hay tiempo, eso también es verdad.

Aunque… siempre hay un comienzo.Verdad?

Verdad.

Escribe un comentario

Tienes que iniciar sesión para escribir un comentario.